
¿Quienes somos?
Empírico es una firma que propone una nueva forma de investigar la sociedad: una que parte del espíritu curioso del periodismo.
Hacemos investigaciones para entender por qué las personas hacen lo que hacen, piensan lo que piensan y dicen lo que dicen. Pero no lo hacemos desde la distancia ni desde la abstracción, sino guiados por una curiosidad genuina y una vocación por comprender antes que juzgar.
Nuestra manera de investigar está imbuida de valores periodísticos. Eso implica que:
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No investigamos para probar hipótesis, como suele hacerse en enfoques tradicionales de las ciencias sociales. Investigamos para dejarnos sorprender, para descubrir lo que aún no sabemos ver.
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Sabemos movernos entre escalas. Valoramos la guía que nos brindan los datos, los expertos y los marcos teóricos, pero también entendemos que ahí no termina la historia. Por eso vamos más allá: hacia las emociones, las experiencias vividas y los significados que las personas le dan a su realidad. Nuestras investigaciones siempre tienen un fuerte componente de inmersión en campo. Nos metemos en los contextos donde ocurren los fenómenos: en las calles, los barrios, los hogares.
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Como el buen periodismo, nuestro trabajo se nutre de múltiples miradas. Por eso trabajamos con equipos interdisciplinarios que combinan distintas formas de entender el mundo: antropólogos, sociólogos, psicólogos, filósofos, periodistas, economistas, entre otros. Cada proyecto se construye desde esa diversidad.
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Y, sobre todo, contamos historias. Ya sea a través de una estrategia, un producto o una recomendación, transformamos nuestros hallazgos en narrativas que conectan. Porque entender no es suficiente si no se logra transmitir.
En últimas, lo que hacemos en Empírico es ayudar a quienes toman decisiones a ver el mundo con mayor profundidad. A entender no sólo qué está pasando, sino por qué está pasando. Y, sobre todo, qué significa eso para lo que viene.
Porque cuando nos entendemos mejor, decidimos mejor.
¿Por qué el espíritu del periodismo?
Desde Empírico creemos que la manera en que hoy investigamos la sociedad se ha vuelto rígida. Se privilegia estudiar a las personas desde un escritorio, con modelos y métricas, y se interpreta a las personas como si fueran sistemas predecibles, no experiencias vividas. Esta manera de investigar revela un afán por tener certeza y control sobre lo que puede ocurrir.
Pero lo cierto es que esa certeza es solo una ilusión. Vivimos en un mundo atravesado por cambios políticos, económicos y sociales. Y en momentos así, la incertidumbre y la ambigüedad no son la excepción. Son la regla.
Un mundo en estas condiciones no puede entenderse desde un lente que busca control y certeza. Por el contrario, el mundo de hoy exige una nueva manera de investigar. Una que se sienta cómoda en la incertidumbre y la ambigüedad, que son, al final, las condiciones reales del comportamiento humano.
Ahí es donde el espíritu del periodismo cobra sentido.
No el que persigue la primicia o el impacto inmediato, sino el que parte de una curiosidad genuina. El que observa antes de concluir, escucha antes de interpretar y se permite explorar sin saber exactamente qué va a encontrar. Un espíritu que nos obliga a salir de nuestras propias burbujas —de nuestros escritorios y oficinas— y a mirar el mundo desde perspectivas que no son las nuestras.
La esencia de ese espíritu es la curiosidad. Por eso, la ponemos en el centro de todo lo que hacemos. Porque la curiosidad es, para nosotros, el mejor antídoto contra la estrechez mental: nos obliga a suspender el juicio, a abrir preguntas en lugar de buscar respuestas rápidas y, sobre todo, a reconocer que entender al otro no es un ejercicio de certeza, sino de aventurarse a explorar.
